Se dice del Perú que es hermoso, inmenso, orgulloso y grandioso, pero sus vastos paisajes e inalcanzables rincones me hacen creer que es imposible un cambio positivo. Se ha elegido presidente a alguien que a fin de cuentas era lo que en algún momento debía pasar. El grito del indefenso o el voto de alguien no tan enterado, o tal vez sí, se hizo sentir en las calles miraflorinas y en el concierto de Paul, donde el Perú progresa, donde da miedo perder el glamour y la belleza.

Sin embargo qué lance la primera piedra, a nadie le gustaría sentirse amenazado de perder algo que le costó conseguir, al que tiene nunca le va a gustar desprenderse de lo suyo y menos aún con mensajes de igualdad que suenan a amenazas de que en algún momento alguien vendrá y lo que se tiene se lo quitará.
Demagogia política, las ganas de triunfar, la necesidad de sentir que hay alguien que encaminará las cosas para bien. Quisiera creer que un cambio puede llegar, quisiera no sentir lastima al caminar por personas que se humillan por tan solo un pan, quisiera mirarlo y respetarlo, quisiera que me miren y me respeten, quisiera no tener que temer por mis intereses personales, quisiera que todos tuvieran mucho, quisiera por momentos tener un poco más.
El ser peruano en estos tiempos, hablo del peruano porque a los otros no creo conocerlos bien, se debate entre todos estos deseos y temores, algunos con más ambiciones que otros, algunos con más sueños que ellos y nosotros. El ser peruano me da miedo porque no nos conocemos, el ser peruano resulta ser una palabra sin unidad, y que a la vez es una palabra que encierra a todos los habitantes de un país tan separado, tan desigual.

Espero que algún día esto cambie, lo espero de verdad, quisiera que el cambio me afecte también a mí, no a la fuerza, que no me quiten, que me enseñen. Quisiera que todos luchen y que no esperen, quisiera que el cambio empiece por cada uno, que por fin la palabra peruano nos llene de un sentimiento de ser uno solo. Espero tantas cosas que presiento que un presidente no lo va a lograr, pero que una base educacional de civismo puede ayudar, tal vez no a nosotros, sino a los peruanos que vendrán.

Sin embargo qué lance la primera piedra, a nadie le gustaría sentirse amenazado de perder algo que le costó conseguir, al que tiene nunca le va a gustar desprenderse de lo suyo y menos aún con mensajes de igualdad que suenan a amenazas de que en algún momento alguien vendrá y lo que se tiene se lo quitará.
Demagogia política, las ganas de triunfar, la necesidad de sentir que hay alguien que encaminará las cosas para bien. Quisiera creer que un cambio puede llegar, quisiera no sentir lastima al caminar por personas que se humillan por tan solo un pan, quisiera mirarlo y respetarlo, quisiera que me miren y me respeten, quisiera no tener que temer por mis intereses personales, quisiera que todos tuvieran mucho, quisiera por momentos tener un poco más.
El ser peruano en estos tiempos, hablo del peruano porque a los otros no creo conocerlos bien, se debate entre todos estos deseos y temores, algunos con más ambiciones que otros, algunos con más sueños que ellos y nosotros. El ser peruano me da miedo porque no nos conocemos, el ser peruano resulta ser una palabra sin unidad, y que a la vez es una palabra que encierra a todos los habitantes de un país tan separado, tan desigual.

Espero que algún día esto cambie, lo espero de verdad, quisiera que el cambio me afecte también a mí, no a la fuerza, que no me quiten, que me enseñen. Quisiera que todos luchen y que no esperen, quisiera que el cambio empiece por cada uno, que por fin la palabra peruano nos llene de un sentimiento de ser uno solo. Espero tantas cosas que presiento que un presidente no lo va a lograr, pero que una base educacional de civismo puede ayudar, tal vez no a nosotros, sino a los peruanos que vendrán.
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