
Caímos tanto que hemos llegado hasta aquí, dónde estamos, me preguntó, el paisaje no es tan malo y aunque no hay civilización los peligros son otros, pero el verde aún así nos cobija sin saber el daño que podemos hacer.
Quisiera aislarme de todo y construir lo mínimo para no dañar a nadie, mi cabaña fue construida con pequeños ramos que he encontrado tirados en el suelo, he decidido no cortar ningún árbol, quiero mantener intacto el lugar, sin embargo quisiera sentirme seguro también, mi cabaña está en medio de todo pero no deja ni un pequeño espacio de tranquilidad. Tendremos que hacer una especie de cerco, asiento con la cabeza.
Solo un par de árboles, nada más, no quiero hacerlo pero es necesario, es el costo del pacto de respeto mutuo entre la naturaleza y yo, después del cerco prometo no hacer más nada, entraré en mi cabaña y meditaré el porqué me fui de aquella ciudad malsana.
Por fin terminé el cerco, tengo sed, hay un naranjo cerca, tomaré un par de naranjas y descansaré, desde ahí fue que todo empezó, no quiero recordar, pero después el hambre, el frío, el deseo de tener más, en resumen, la ambición, no sigas que por eso mismo me fui de aquel lugar, pensé que era diferente, agacho la cabeza, pues no lo eres y si enfrentas los peligros de este bosque es porque eres igual que los otros, de aquellos de tu misma especie que pensaste dejar, de esa gente con la misma capacidad de devastar.
Quisiera aislarme de todo y construir lo mínimo para no dañar a nadie, mi cabaña fue construida con pequeños ramos que he encontrado tirados en el suelo, he decidido no cortar ningún árbol, quiero mantener intacto el lugar, sin embargo quisiera sentirme seguro también, mi cabaña está en medio de todo pero no deja ni un pequeño espacio de tranquilidad. Tendremos que hacer una especie de cerco, asiento con la cabeza.
Solo un par de árboles, nada más, no quiero hacerlo pero es necesario, es el costo del pacto de respeto mutuo entre la naturaleza y yo, después del cerco prometo no hacer más nada, entraré en mi cabaña y meditaré el porqué me fui de aquella ciudad malsana.
Por fin terminé el cerco, tengo sed, hay un naranjo cerca, tomaré un par de naranjas y descansaré, desde ahí fue que todo empezó, no quiero recordar, pero después el hambre, el frío, el deseo de tener más, en resumen, la ambición, no sigas que por eso mismo me fui de aquel lugar, pensé que era diferente, agacho la cabeza, pues no lo eres y si enfrentas los peligros de este bosque es porque eres igual que los otros, de aquellos de tu misma especie que pensaste dejar, de esa gente con la misma capacidad de devastar.
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