lunes, mayo 17, 2010

Fardville, vuelvo y confieso

Y es que alguna vez dije, entre la neblina de un invierno limeño en mi casa lejana en una azotea cualquiera, que en realidad no fue cualquiera, que este blog sería mi vitrina, será para que ellas se enamoren de mí, no lo podrán evitar, ya lo verás capitán; y aquellos que solo escuchan Maná les darán ganas de escuchar Chopin.


Y entre tanto rock and roll y en una época en que me gustaba la filosofía de Emmanuel Kant, decidí parar y poco a poco Fardville se volvió en un mal lugar, donde los melos abundaron y los de mode se fueron, las teorías desaparecieron y me perdí entre la libertad condicionada que te ofrece viajar hacia lo que pensabas que era tu hogar.


Me alejé de Fardville que es mi casa Kaufmann diseñada por mi Frank Lloyd Wright personal, mi escondite temporal.


Sin embargo siempre he extrañado mi libertad, siempre he extrañado la soledad, siempre he extrañado mi habitual desorden intelectual.


“Ella no me ama, qué dolor, no le interesa que yo sea feliz”…Enrique siempre con las frases que no me permitieron sufrir, porque sé que si alguien tan ídolo como él sufrió, lo mío es una completa huevada que siempre pasará. A veces me hubiera gustado en verdad sufrir, tal vez así escribiría mejor y ahora tendría una novela que se vendería en las librerias Crisol.


Y dicen que la victoria siempre le pertenece al mejor postor, pero por qué me olvido de las personas que me hicieron daño, por qué siento que si los veo no me interesará golpear, ni gritar, ni siquiera abrazar, y a la vez no puedo perdonar. Y es que mi orgullo explota siempre en mi peor lugar, en el otoño de un dormitorio, en los recuerdos de los besos de aquella que sí me amó, de aquella que en verdad me odia, de aquella que empiezo a querer, de aquella que amé, de aquella que vi una sola vez y que no puedo olvidar.


Y es que hoy vuelvo a Fardville arrepentido y feliz, vuelvo a sentirme como aquel que disfruta la decepción tanto como la acción, que disfruta una tarde a solas mirando el atardecer como las noches en que no me puedo detener. Hoy vuelvo a sentirme como un niño que viaja a Huaraz y que quiere conquistar el Mundo porque ya no hay cuentas que saldar. Los recuerdos han vuelto a su lugar, los cobardes de nuevo se escondieron y la invitación llegó después de darme cuenta que al partido le faltan muchos minutos por jugar.

1 hicieron más que leer:

La Mora dijo...

buen blog,te sigo